7 hábitos clave para mejorar la gastritis y el reflujo (más allá de la alimentación)

Si te han diagnosticado gastritis o reflujo, es habitual que la primera preocupación sea: “¿Qué puedo comer ahora?”

Lo más común es recibir una lista de alimentos permitidos y prohibidos, lo que puede dar la impresión de que la recuperación depende exclusivamente de cambiar la dieta.

Sin embargo, centrarse únicamente en la alimentación no suele ser suficiente para lograr una mejoría completa y duradera.

Existen otros factores clave que influyen en la salud digestiva y que muchas veces pasan desapercibidos.

A continuación, encontrarás 7 hábitos prácticos y efectivos que pueden ayudarte a mejorar los síntomas de reflujo, gastritis, dispepsia u otras molestias digestivas.

Implementarlos puede marcar una gran diferencia en tu recuperación.

1. Encuentra la tranquilidad antes de comer

Comer sin estrés es esencial.

No se trata solo de tener tiempo, sino de que la mente esté realmente presente durante la comida.

Vivimos rodeados de distracciones: pantallas, prisas, conversaciones estresantes, ruido, multitarea… Y así es imposible que el cuerpo se prepare para digerir bien.

Un gesto sencillo como hacer 5 respiraciones profundas antes de comer puede ayudarte a cambiar de marcha: salir del “modo lucha” y activar tu sistema digestivo.

2. La digestión empieza antes del primer bocado

Cuando ves, hueles o anticipas la comida, tu cuerpo ya empieza a prepararse. Es lo que se llama la fase cefálica de la digestión.

Si comemos distraídos —con la tele, redes sociales, noticias o sin atención—, el sistema digestivo no se activa del todo. Y eso se nota: digestiones pesadas, acidez, hinchazón…

Comer con calma, sin distracciones, saboreando y oliendo la comida, ayuda a mejorar la secreción de ácido y enzimas, y por tanto la digestión.

3. Mastica. Mucho más de lo que crees

La masticación es uno de los pasos más infravalorados… y más poderosos.

Una buena masticación:

  • Estimula la saliva y las secreciones digestivas.

  • Reduce el tamaño de los alimentos, lo que facilita su descomposición en el estómago.

  • Ayuda a controlar la cantidad que comemos y evita llenados excesivos (clave para el reflujo).

  • Mejora la absorción de nutrientes.

Cuanto mejor masticas, más fácil se lo pones a tu sistema digestivo.

4. Cuida el volumen de tus comidas

Comer en exceso es una de las principales causas de reflujo, especialmente cuando el estómago se llena demasiado.

Esto favorece las relajaciones transitorias del esfínter esofágico inferior (TLERs), que son responsables de muchos episodios de reflujo.

Reducir el volumen de cada comida, aunque mantengas una buena densidad nutricional, puede:

  • Disminuir la presión abdominal.

  • Reducir la exposición al ácido.

  • Mejorar tus síntomas.

Comidas más pequeñas = menos reflujo.

5. Cuidado con el agua durante las comidas

Beber mucha agua mientras comes puede aumentar el volumen gástrico y, en algunos casos, diluir el ácido clorhídrico, especialmente si ya tienes niveles bajos (hipoclorhidria).

También puede favorecer el reflujo por el mismo mecanismo de los TLERs.

Lo ideal:

  • Evitar beber en grandes cantidades justo antes o durante la comida.

  • Hidratación continua durante el día, mejor en pequeños sorbos.

Prueba a no beber 30 minutos antes y hasta una hora después de las comidas.

6. Relájate después de comer

Una buena digestión necesita calma, no solo antes ni durante, sino también después.

Estudios muestran que la respiración diafragmática postprandial puede reducir los episodios de reflujo, mejorando la presión del esfínter esofágico y favoreciendo el vaciado gástrico.

Basta con 5–10 minutos de respiración tranquila o incluso una breve meditación guiada tras comer.

7. Da un paseo ligero

Salir a caminar después de comer, de forma suave y tranquila, favorece el tránsito intestinal y ayuda en casos de digestión lenta o baja motilidad.

No se trata de hacer ejercicio intenso, sino de moverse un poco, sin esfuerzo ni agitación.

Un paseo corto puede ser una excelente manera de cerrar tu comida con calma y facilitar el proceso digestivo.

Conclusión

Aunque puedan parecer gestos simples, estos 7 hábitos marcan una gran diferencia.

Muchos síntomas de gastritis y reflujo no se resuelven solo cambiando lo que comes, sino también cómo lo haces.

Aplica estos principios siempre que puedas. Poco a poco, con constancia, notarás cambios reales en tu digestión y en tu bienestar general.

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